Haz aquello que (quizás) no se espera de ti

En un entorno incierto, cambiante, y en constante evolución como en el que vivimos actualmente, la creatividad, curiosidad, adaptabilidad, apertura mental y flexibilidad son algunas de las competencias y actitudes más valoradas que sin duda nos ayudarán a desenvolvernos con mayor éxito en él a la vez que aprendemos y desarrollamos el complejo arte de

bailar entre la incertidumbre, la paradoja y la ambigüedad.

Autor: Marta Fusté, Técnica del Proyecto Yob en Barcelona

En un afán incansable de buscar la perfección en sus obras, el artista Leonardo Da Vinci consiguió consolidar una de las técnicas pictóricas más recurrentes en sus cuadros durante la época del Renacimiento: El Sfumato (1). Este método hace referencia a un uso de la pintura que sirve para crear contornos imprecisos, de aspecto sombreado o difuminado. Con él se buscaba dar sensación de profundidad e indefinición, dejando a la imaginación del espectador parte de la forma final de lo representado en el cuadro.

El artista también aplicó el término Sfumato al área de la psicología y al cerebro humano, señalándolo como uno de los principios creativos más importantes para crecer y desarrollarse como persona. En este ámbito, el término se referiría a la disposición para abrazar todo aquello que acompaña la ambigüedad, la paradoja y la incertidumbre (2). Según Leonardo, a medida que aprendemos a movernos en un entorno incierto y ambiguo, nos vemos forzados a despertar nuestra curiosidad a la vez que agudizamos nuestros sentidos porqué estamos más abiertos a lo nuevo e inesperado y, como consecuencia, aprendemos nuevas estrategias de afrontamiento para nuevos retos. Nos volvemos más creativos ante situaciones inéditas que requieren ejecutar mecanismos diferentes a los usados hasta el momento.

En la coyuntura actual en la que vivimos, hoy más que nunca nos encontramos con un entorno cambiante a todos los niveles; social, político, laboral, familiar y personal; el mundo cambia y a nosotros nos toca cambiar con él. Si bien son malas noticias para los amantes de la seguridad y la estabilidad, para los adictos a todo lo previsible y pronosticable, lo cierto es que cada vez menos podemos afirmar con certeza que aquello que vivimos, aquello que tenemos, donde y con quien nos movemos, vaya a durar para toda la vida.

El ser humano es un animal de costumbres, no nos gustan los cambios y menos si son repentinos; porqué por mucho que la adaptabilidad sea la competencia por excelencia más nombrada por los candidatos ante una entrevista de trabajo, en realidad no son tantos los que ante cambios importantes en su lugar de trabajo u organización son capaces de aceptarlos bien y vivirlos como una oportunidad de mejora en vez de con resignación y preocupación. La verdad es que si lo miramos como una alternativa para crear cosas nuevas, aprender otras competencias y una opción para desarrollarnos a nivel profesional, el problema se transforma en ventaja.

“Cuando las cosas a tu alrededor no se pueden cambiar, la única opción que te queda es cambiarte a ti mismo”, nos decía Viktor Frankl (3) haciendo referencia a la experiencia vivida tras su paso por diferentes campos de concentración; si ante una situación no tenemos margen de maniobra para modificarla, ¡veamos entonces con qué actitud le hacemos frente!

En el ámbito organizacional, y en los tiempos que corren, ya no sirve el “a mí no me han contratado para esto”, sino más bien el hacer aquello que quizás en un inicio no se esperaba de ti pero que con el paso del tiempo eres capaz de lograr porqué has crecido, evolucionado, y aportas todo tu potencial de mejora al servicio de la organización, tú te enriqueces con la experiencia adquirida y la organización a su vez lo hace contigo, se trata de una evolución conjunta y compartida.

Poner en valor la creatividad e innovación, la apertura mental y flexibilidad, la adaptabilidad y curiosidad, nos llevará a integrar lo inesperado y nuevo como parte natural del camino y nos ayudará a desenvolvernos con mayor éxito en el trabajo y en la vida, aprendiendo y desarrollando el complejo arte de bailar entre la incertidumbre, la paradoja y la ambigüedad.

¿Que todo esto implica salir de nuestra zona de confort y asumir el riesgo a equivocarnos? Sin lugar a dudas. Pero solo saliendo de ésta conseguiremos vibrar con nuevos retos, gozar de un nuevo logro o simplemente experimentar el placer que supone probar algo diferente. Somos cambio, somos evolución y estamos en movimiento; aunque por el camino nos encontremos sorpresas e imprevistos a sortear, en realidad quizás sea ésta la verdadera gracia de transitar por la aventura de la vida.

¿Cuál es tu elección para este camino? ¿Te resistes o lo aceptas? ¿Te resignas o creas la oportunidad?

 

Enlaces relacionados:

https://www.aboutespanol.com/sfumato-esfumado-difuminado-180122
https://elpais.com/cultura/2005/12/28/actualidad/1135724401_850215.html
https://gl.wikipedia.org/wiki/Viktor_Frankl

3 Responses

  1. ANA

    SFUMATO. Nada de resignarse, hay que crear oportunidades. Me estoy leyendo un libro “La Vida de 100 años” que dice que el porcentaje de centenarios crece año a año y cómo eso va a influirnos a futuro. 100 años!!!! anda que no tiene que dar tiempo a reinventarnos, readaptarnos, reconducir nuestros caminos… verlo como una oportunidad, un regalo que se nos ofrece!!!

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