La incertidumbre, al alza: cómo los y las jóvenes construyen su futuro en un mercado laboral cambiante
Hablar de juventud y empleo hoy implica hablar de incertidumbre. Pero no de una incertidumbre homogénea. Para algunos/as jóvenes, la duda se centra en elegir entre opciones. Para otros/as, especialmente aquellos en contextos de vulnerabilidad social, la incertidumbre empieza antes: en si realmente existen opciones.
Según el último informe de la OCDE sobre preparación para la carrera profesional, el 39% de los estudiantes en países OECD declara sentirse inseguro sobre su futuro profesional a los 30 años. Esta cifra no solo refleja falta de claridad, sino un fenómeno más estructural: la dificultad de conectar la educación con un mercado laboral cada vez más complejo y desigual.
En este contexto, la pregunta ya no es solo qué quiero ser, sino también qué es posible ser.
La incertidumbre como síntoma de un sistema desigual
La OCDE señala que esta incertidumbre no afecta a todos por igual. Los y las estudiantes de entornos más desfavorecidos:
- tienen menos acceso a orientación profesional de calidad,
- participan menos en actividades de exploración laboral,
- y tienden a tener expectativas educativas más bajas, incluso cuando su rendimiento académico es alto.
De hecho, el propio informe advierte que el origen socioeconómico pesa más que el rendimiento académico a la hora de definir las aspiraciones educativas. Esto tiene una consecuencia clave: No todos los y las jóvenes parten del mismo punto al imaginar su futuro.
Aspiraciones juveniles vs. realidad del empleo
El informe “Pulso Jóvenes y Talento 2025” de Mazinn, muestra un desajuste persistente entre lo que los y las jóvenes desean y lo que el mercado laboral demanda.
Muchos/as jóvenes expresan interés por sectores como: arte y entretenimiento, educación, tecnología y medios de comunicación. Sin embargo, las proyecciones de crecimiento del empleo en España se concentran en sectores como: comercio y logística, hostelería, administración, y perfiles técnicos y operativos.
La OCDE ya ha alertado de esta brecha: las aspiraciones profesionales de los y las jóvenes se concentran en un número reducido de ocupaciones “altamente deseadas”, que no se corresponden con la distribución real del empleo.

Informe Mazzin – “Pulso Jóvenes y Talento 2025: ¿Quién orienta sus carreras?
La importancia del entorno: quién orienta realmente a los y las jóvenes
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la orientación profesional no depende principalmente del sistema educativo, sino del entorno cercano.
Los padres y madres son, con diferencia, los que más se consideran para temas relacionados con la carrera laboral (68,8%), seguidos por los amigos (43,8%) y los familiares cercanos (28,1%). Queda claro que los círculos cercanos siguen siendo los consejeros más influyentes.
Existen matices de género en esta dinámica: si bien los hombres tienden a confiar más en sus amistades, las mujeres confían más en sus padres/madres y familiares cercanos, aunque los padres/madres son la figura más importante para ambos géneros (70,1% para mujeres y 67,9% para hombres).
Muy por detrás quedan:
- 12,3% docentes,
- 6,9% chatgpt o herramientas similares y redes sociales,
- y 6,6% orientadores profesionales.
Este patrón es especialmente relevante en contextos vulnerables, donde el capital social y la información sobre el mercado laboral suele ser más limitado.
La experiencia laboral como “filtro de realidad”
En España estamos a la cola en Europa en muchos indicadores relacionados con el desarrollo profesional, y no solo en jóvenes.
- El 35% de trabajadores de 20 a 64 años están sobre cualificados, es decir, tienen estudios terciarios en trabajos que no requieren educación terciaria).
- La edad promedio de emancipación es a los 30 años
- Y la tasa de desempleo juvenil se sitúa en el 25%
En relación con la experiencia laboral, también somos de los que más tiempo tardamos en adquirirla aún con educación terciaria.

Informe Mazzin – “Pulso Jóvenes y Talento 2025:, ¿Cómo influye la experiencia laboral” – Tasa de empleo de los recién graduados en diferentes países europeos
Este informe identifica un fenómeno clave: la experiencia cambia profundamente la forma en que los y las jóvenes interpretan el trabajo.
Se observan tres etapas:
- Sin experiencia: la visión idealizada
El trabajo se imagina como una trayectoria lineal de crecimiento, basada en expectativas y referencias externas. Las redes y el modelo educativo influyen mucho en eso, pero desconocen realmente cómo funciona la dinámica.
- Primer contacto laboral: la realidad emerge
Entre 1 y 2 años de experiencia, aparecen los primeros ajustes:
- se comprende la dinámica real de las empresas,
- se ajustan expectativas salariales,
- se entiende la importancia de la estabilidad.
- Experiencia consolidada: el realismo pragmático
Con más de 2 años de experiencia:
- aumenta el foco en salario y condiciones,
- crece el valor del bienestar diario,
- disminuye la percepción de estabilidad a largo plazo.
La OCDE subraya, además, que muchos/as jóvenes no reciben suficiente contacto directo con el mundo laboral, lo que dificulta la toma de decisiones informadas.
La experiencia actúa como un “filtro de realidad” que ajusta expectativas, pero también puede reducir la sensación de seguridad futura.
Entonces, ¿qué esperan los y las jóvenes del empleo, de la empresa y de sus managers? Los datos muestran que estas expectativas evolucionan claramente con la experiencia laboral.
A medida que los y las jóvenes acumulan experiencia, otorgan más importancia al salario y al teletrabajo, al tiempo que perciben la estabilidad laboral como algo cada vez más difícil de alcanzar. Paralelamente, la idea de seguridad y estabilidad dentro de la empresa pierde peso, al igual que la relevancia que se otorga a la diversidad e inclusión. En cambio, el buen ambiente laboral gana protagonismo y se convierte en un factor cada vez más valorado.
En relación con los equipos de liderazgo, también se observan cambios significativos: con más experiencia, disminuye la necesidad de una supervisión constante o de recibir correcciones, mientras que aumenta la valoración del respeto por el equilibrio entre la vida personal y profesional. Por su parte, el grupo de jóvenes “recién aterrizados/as” en el mercado laboral destaca especialmente por valorar que sus responsables sean cercanos y accesibles.
Qué ven peor y qué ven mejor los y las jóvenes de su futuro
Este mismo informe muestra que la percepción del futuro cambia con la experiencia laboral. A medida que los y las jóvenes avanzan en el mercado de trabajo, aumenta la preocupación por aspectos estructurales como la edad de jubilación, la estabilidad del empleo o la protección social. También crece la sensación de que su poder adquisitivo, la salud mental y el bienestar general serán peores que los de generaciones anteriores.
Sin embargo, esta visión más pesimista convive con otra más positiva. Los y las jóvenes tienden a pensar que su futuro puede mejorar en aspectos más cercanos y controlables, como las condiciones laborales, las oportunidades de empleo o el equilibrio entre vida personal y profesional.
En conjunto, se refuerza una mirada dual: más crítica con el sistema, pero más optimista respecto a la experiencia laboral individual.
La Formación Profesional y la desigualdad de percepción
El informe también pone el foco en la Formación Profesional (FP), un elemento clave para la inserción laboral.
Aunque la FP tiene altos niveles de empleabilidad en muchos sectores, persisten prejuicios sociales. El 77% de las familias reconoce que existen prejuicios hacia la FP, pero solo una minoría admite tenerlos de forma personal.
Esta contradicción muestra cómo las decisiones educativas siguen estando influenciadas por percepciones sociales más que por información objetiva.
La OCDE advierte además que los y las jóvenes con mayor incertidumbre tienden a tener peores resultados laborales en el futuro, incluso controlando factores como nivel educativo o contexto social.
Desde Fundación Exit trabajamos precisamente en ese punto donde las desigualdades se hacen visibles: la transición entre la educación y el empleo.
Este informe refuerza una idea clave: La incertidumbre no es solo una cuestión individual, sino el resultado de desigualdades acumuladas en acceso a información, orientación y oportunidades.
Cuando un/a joven no tiene referencias profesionales cercanas, cuando no accede a experiencias laborales tempranas o cuando su entorno no dispone de información actualizada sobre el mercado de trabajo, su capacidad de decisión se ve condicionada.
Por eso, acompañar no es solo orientar. Es abrir puertas que, de otro modo, no estarían visibles.
La incertidumbre juvenil no es un fenómeno homogéneo ni neutro. Es el reflejo de un sistema donde:
- el origen social sigue influyendo en las aspiraciones,
- la orientación profesional depende demasiado del entorno cercano,
- y la experiencia laboral sigue siendo un privilegio desigual.
El reto no es eliminar la incertidumbre, sino reducir la desigualdad en cómo se vive y se afronta. Porque el futuro no debería depender de a quién tienes cerca, sino de las oportunidades que tienes delante.