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Juventud y empleo: expectativas y percepciones sobre el futuro laboral en España

20-05-2026
Fundación Exit

Durante años se ha repetido una idea: que las nuevas generaciones no quieren trabajar, que buscan inmediatez o que tienen expectativas poco realistas.

Sin embargo, los datos cuentan otra historia. Un reciente informe de Mazzin sobre juventud y empleo y expectativas laborales de los jóvenes, basado en una muestra de más de 700 jóvenes en España, dibuja un escenario más complejo: una generación que mira al futuro con una mezcla de optimismo y preocupación, consciente de que el mercado laboral al que accede es más incierto que el de generaciones anteriores.

Más que una generación desconectada del trabajo, hablamos de una generación que está redefiniendo sus expectativas en un contexto estructuralmente más frágil.

Un punto de partida que condiciona el contexto

El estudio se centra en personas jóvenes de entre 18 y 29 años. Dentro de la muestra, el 40% tiene entre 18 y 21 años, otro 40% entre 22 y 24 años y el 20% restante entre 25 y 29 años. En cuanto al género, el 59% son mujeres, el 39,9% hombres y un 1% no lo indica.

Esta diversidad permite entender distintas fases de transición hacia el empleo y la construcción del proyecto profesional.

En paralelo, el contexto laboral ha cambiado de forma significativa en las últimas dos décadas. La presencia de jóvenes en el mercado de trabajo ha descendido del 25,3% en 2005 al 15,3% en 2025.

Además, según el Ministerio de Trabajo y Economía Social, en su Informe trimestral de jóvenes y mercado de trabajo, la tasa de paro juvenil (15-24 años) en España se sitúa en torno al 26,5%, frente a una media de la Unión Europea cercana al 15%. Es decir, España mantiene una de las tasas de desempleo juvenil más elevadas de la Unión Europea.

A esto se suman otros factores estructurales:

  • Salarios más bajos en comparación con generaciones anteriores
  • Mayor precariedad e inestabilidad laboral
  • Emancipación cada vez más tardía
  • Altos niveles de sobrecualificación
  • Abandono educativo temprano del 12,8% en 2025 (frente al 9,4% de media UE)

El resultado es claro: el acceso al empleo no es solo más difícil, sino más desigual. Y, esta desigualdad se intensifica especialmente en el caso de los jóvenes en situación de vulnerabilidad social, que suelen contar con menos redes de apoyo, trayectorias educativas más fragmentadas y mayores dificultades en el acceso a su primera experiencia laboral.

Entre el acceso y la incertidumbre: cómo perciben los jóvenes su futuro

Cuando se pregunta a los jóvenes por su futuro, la respuesta es ambigua. Casi la mitad (48,8%)* cree que tendrá más oportunidades laborales que la generación anterior. Sin embargo:

  • El 42,7% anticipa menos estabilidad laboral
  • El 67,7% espera peores condiciones de jubilación
  • Más de la mitad prevé una menor protección social

Es decir, se percibe acceso, pero no construcción de proyecto vital estable. Esta diferencia es clave, especialmente en jóvenes que ya parten con menos recursos o apoyo.

*Datos del informe Mazinn: “¿Qué ven los jóvenes su futuro?” – 2025

¿Qué esperan los jóvenes de un trabajo?

En este contexto, las expectativas laborales no son aleatorias, sino coherentes con la realidad que perciben.

El salario justo y competitivo se sitúa como la principal prioridad a la hora de elegir un empleo. No como único factor, pero sí como condición de base.

Esta realidad conecta directamente con los datos sobre emancipación juvenil. Según el informe Young people leaving their home, 2024, publicado por Eurostat, la edad media de emancipación en España se sitúa en torno a los 30 años, una de las más tardías de Europa.

A partir de ahí, aparecen otros elementos relevantes: el ambiente de trabajo, las relaciones laborales y la estabilidad, que forman parte del núcleo de lo que consideran un empleo de calidad.

La flexibilidad también tiene un papel creciente, aunque no siempre en los términos que a menudo se presupone desde fuera. No se trata únicamente de teletrabajo, sino de equilibrio y condiciones laborales sostenibles.

*Datos del informe Mazinn: “¿Qué esperan los jóvenes del trabajo?” – 2025

Las expectativas cambian con la experiencia

Uno de los elementos más significativos del informe es que las expectativas no son estáticas, sino que evolucionan con la experiencia laboral.

En las primeras etapas, sin experiencia o con escasa trayectoria, el salario ya aparece como un factor clave (70%), seguido de la estabilidad (50%) y la posibilidad de teletrabajar (16%).

Con 1 o 2 años de experiencia, el salario se mantiene como prioridad (72%), mientras que la estabilidad desciende ligeramente (48%) y el teletrabajo gana peso (25%).

En jóvenes con más de dos años de experiencia, esta tendencia se consolida: el salario aumenta su importancia (78%), la estabilidad pierde peso relativo (38%) y la flexibilidad continúa creciendo (33%).

Este patrón muestra una idea relevante: a medida que los jóvenes conocen mejor el mercado laboral, el salario se convierte en el eje central, mientras que la estabilidad deja de percibirse como un elemento garantizado.

Más allá de los datos, el informe refleja un proceso de adaptación progresiva a un entorno laboral incierto.

En este contexto, distintos informes de FAD Juventud y del Consejo de la Juventud de España señalan cómo la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda y la incertidumbre en la transición al empleo están afectando a las condiciones de vida de la población joven y a su bienestar general.

Así, los jóvenes no necesariamente reducen sus aspiraciones, pero sí redefinen lo que consideran posible. Esta adaptación, sin embargo, puede implicar renuncias silenciosas a estabilidad, autonomía o desarrollo profesional.

No todos los jóvenes viven el mismo futuro

Uno de los principales aprendizajes del informe es que la juventud no es homogénea. Existen diferencias relevantes según:

  • Entorno socioeconómico
  • Nivel educativo
  • Lugar de residencia
  • Situación laboral previa

Pero hay un factor que resulta clave y que a menudo queda fuera del análisis general: la vulnerabilidad social. En estos casos, la combinación de precariedad, falta de redes y barreras de acceso hace que las desigualdades no solo se mantengan, sino que se profundicen.

¿Qué significa esto para los jóvenes en situación de vulnerabilidad? Desde la experiencia de Fundación Exit, este contexto tiene implicaciones muy concretas:

  • Más dificultad para acceder a la primera oportunidad laboral
  • Mayor riesgo de trayectorias fragmentadas
  • Menor acceso a información, contactos y orientación
  • Mayor impacto del malestar emocional en la continuidad educativa o laboral

En este escenario, el problema no es solo “entrar” en el mercado laboral, sino poder mantenerse y progresar en él. Una cuestión estructural, no generacional.

Más allá de las narrativas, las condiciones reales

Los datos no describen una generación desmotivada, describen un sistema en el que:

  • Hay más incertidumbre que estabilidad
  • Más expectativas de flexibilidad que de seguridad
  • Más acceso inicial que recorrido sostenible

Distintos organismos y estudios coinciden en que las condiciones de acceso al empleo juvenil no solo son más complejas, sino también más desiguales. Y estas condiciones afectan de forma desigual según el punto de partida de cada joven.

La pregunta ya no es qué quieren los jóvenes del trabajo. La pregunta es qué condiciones estamos generando como sociedad para que todos los jóvenes, no solo algunos, puedan construir un futuro estable.

Desde Fundación Exit trabajamos precisamente en ese punto: acompañando a jóvenes en situación de vulnerabilidad social para que la primera experiencia laboral no sea una barrera, sino una oportunidad real de futuro.

Porque el empleo no solo abre puertas, también puede cerrar trayectorias si no se construye en igualdad de condiciones.

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